Día y Hora

22 05 2008

Nuevo disco, niños y niñas.

[Por este tipo de grandeza es por lo que Coldplay (y Chris Martin) sigue siendo uno de mis mayores fetiches musicales. Youtube, modo bucle, gracias.]

Los más cobardes de entre nosotros hemos tenido que pagar un precio más alto por conocer la fecha de caducidad de nuestro erasmus. El 23 de junio a las 3 de la tarde dará por terminado oficialmente mi año sabático -en todos los sentidos posibles-, cogeré dos aviones y llegaré a Bilbao con la certeza de que ya no tendré nada a lo que volver. Qué hacer con la alfombra, la lámpara y el edredón es algo que todavía no he decidido. Los responsables del student housing, tan prácticos ellos, prohíben que dejes mobiliario/utilidades varias que no estuvieran cuando tú llegaste. Y menos mal que no me dio por pintar las paredes.

Nuestra fase de histeria colectiva modo “esto se acaba” pasó casi oficialmente anoche, cuando nos dimos cuenta de que realmente esto se acaba y tenemos que intentar aprovechar al máximo los pocos días que nos quedan en común. Ramón, Inés y Pablo se van esta semana, y todavía no sé cómo voy a tirarme de los pelos y rasgarme las vestiduras al mismo tiempo.

Esto empieza a vaciarse. Y el tiempo que tenemos para hacer todas esas cosas que queremos hacer por última vez no es suficiente.




Cosas malas envueltas en sol

29 04 2008

Tengo a Röyksopp como único sedante y la ventana abierta al sol y a las moscas, queridos y cada vez más escasos lectores, haciendo un repaso a mi estado de ánimo actual. Tras un rato de pensarlo en frío, sé que si no fuera por el cielo azul intenso, estaría dándome de cabezazos contra la pared. En parte, eso es lo que demuestra la suequización* avanzada que sufrimos los estudiantes extranjeros.

Aquí, hasta los kioscos sacan terraza en cuanto llegamos a los 15 grados. Desde hace dos semanas, el sol ha aparecido con tanto éxito que todos nos hemos lanzado a campas de la uni a estar tirados, hacer el vago y absorber cual reptiles toda la luz posible. En siete días hemos organizado más barbacoas que en mis últimos seis años de vida, y hemos llegado a estar en la playa bajo la lluvia porque sabíamos que, en el fondo, era un día de sol. Los pájaros empiezan a cantar a las tres de la mañana, el sol se asoma una hora más tarde y los árboles han florecido en dos días. Todo aquí parece que se ha vuelto acelerado y risueño, lleno de bicis, flores, picnics, gente sonriente y estudiantes con los pantalones remangados. Pero la realidad es muy distinta.

En este ambiente pastoral y distendido, me toca montar un seminario, una presentación oral, un take-home exam (lo cual, aun en concordancia con el carácter corta-pega-y-colorea que muchos allegados creen que tiene mi carrera, no es fácil, amigos) y otro trabajo de literatura comparada; actividades todas ellas que chocan frontalmente con mi idea de un mayo florido y hermoso. Mañana toca mezclarse con los nativos en la fiesta conocida como Valborg -más conocida como Walpurgis para los siniestrillos entre nuestros lectores-, celebración pagana idéntica a San Juan pero celebrada el 30 de abril con centro neurálgico en Uppsala, en cuyos verdes campos nos tiraremos también, para igualmente hacer el vago, esta vez acompañados de rebosante cerveza en lata. Situación propicia como la que más para preparar mi clase del lunes.

Las cosas malas no se reducen al ámbito académico, pero como a nadie le apetece leer quejas de cosas que ni le van ni le vienen, dejémoslo en que son cosas con un 65-80% de maldad, que ocupan demasiado de mi tiempo ya sea en forma de acciones y/o pensamientos y que sólo son contrarrestadas por el olor a primavera, carne a la parrilla, asfalto caliente y arena mojada.

[* suequización, sust.: dícese del proceso experimentado por el individuo no-sueco, el cual tras sufrir mal tiempo y oscuridad prolongada durante el invierno escandinavo, corre cual perra al parque o trozo de hierba más cercano en cuanto ve salir un rayo de sol, acompañado de comida, amigos o un balón.]




Still Alive

24 04 2008

Kiruna, Berlín, Uppsala, primavera, sol, trabajos, biblioteca, despedidas, reencuentros, conciertos, fiestas, lluvia, gasolineras, Solna, autobuses nocturnos, cerezos en flor, bicicletas, Gula Villan, noches en vela y amaneceres a las cuatro de la mañana. Podría escribir sobre muchas cosas que han pasado desde la última vez que supisteis de mí.

Pero, en realidad, me estoy dando cuenta de que escribir y vivir no puede hacerse al mismo tiempo. Y tras esta reflexión profunda, pido perdón a los que de verdad están esperando noticias mías. Intentaré hacerle más caso al blog, pero la cuenta atrás nos está metiendo prisa a todos. La cantidad de fotos que tenemos para ver es la prueba más clara de lo poco que nos queda, y el arrepentimiento de no haber aprovechado más el tiempo que se nos ha dado es común y universal.

No recomiendo esta sensación a nadie.




Premios

26 03 2008

Primero, toca agradecer a Ainize que haya sido tan maja como para dar un premio a un blog que renuevo con tan poca frecuencia. Muchas gracias por la cosa esta, que aunque parezca que no, hace ilusión. El premio es esto:

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Y ahora procedo a hacer lo que me corresponde como ganadora.

“1º.- Al recibir el PREMIO, se ha de escribir un post mostrando el premio y se ha de citar el nombre del blog o web que te lo regala y enlazarlo al post de ese blog o web que te nombra ganador.

2º.- Elegir un mínimo de 7 blogs (pueden ser más) que creas que brillan por su temática y/o su diseño. Escribir sus nombres y los enlaces a ellos. Avisarles de que han sido premiados con el PREMIO “BRILLANTE WEBLOG”.

3º.- Opcional. Exhibir el PREMIO con orgullo en tu blog haciendo enlace al post que tú escribes sobre él.

Y cómo no, continuar con esto premiando a los siguientes blogs con el premio brillante:”

El último jardín

la barbarie del lirismo

Martyr for Love

No son horas…

Com’è dolce il naufragar in questo blog

Ozkaritz 

Jag fotograferar Sverige




Laundry

11 03 2008

Hacer la colada es el coñazo más vil e infame que se te pueda ocurrir. Aprovecho la ocasión para adelantar la moraleja de esta historia a todos los jóvenes aún no emancipados (99%): una lavadora dentro de casa es el mejor amigo que jamás tendréis.

Las habitaciones para estudiantes -y los apartamentos de las películas americanas- carecen del instrumental necesario para vestir ropa aceptablemente limpia todos los días del año. El día L (de Lavandería para hispánicos y Laundry para angloparlantes y Commonwealth en general) o T (de Tvättstuga, que suena de pena, por cierto) tiene lugar cuando en el cajón clave sólo quedan las bragas de emergencia y los calcetines de pelo de guanaco que compraste en la puerta del Corte Inglés (ese material que encoge y pica una barbaridad). En ese momento te das cuenta de que no puedes rehuir al destino ni un día más, y bolsa de ikea en mano, te encaminas al edificio subterráneo con una farola siniestra a un lado: un edificio que confirma todos esos mitos cinematográficos de asesinatos en lavanderías (de los cuales yo no tenía la más mínima idea hasta los oportunos comentarios de cierta gente -”¿A la lavandería? ¿De noche? ¿No te acojonas viva?”-).

Pueden ocurrir dos cosas: A) que hayas sido lo suficientemente previsor como para haber reservado dos horas de uso y disfrute semana y media antes, o B) que, siendo idiota como eres, no hayas aprendido la lección a estas horas de la película. En el habitual caso B, habrá que recurrir a cálculos, trigonometría, vectores e integrales (no se me ocurren más palabras matemáticas… espera, sí: logaritmos) para elegir la máquina en uso a la que le queden menos minutos de trabajo, tras cuya intervención podrás incrustar tus 29-38 minutos de lavadora, dependiendo de la carga y de la temperatura que elijas -siempre de forma aleatoria-, mientras el legítimo usuario pone a secar su ropa en la misma máquina en la que más adelante te meterás tú, haciendo uso de tus abundantes reservas de morro. Todo este proceso puede parecer una risueña y caótica escena con música de Benny Hill de fondo, pero no: se trata de una noche larga y tediosa, que consta de un mínimo de seis viajes, tres de ida y tres de vuelta, si has conseguido que las toallas se te sequen a la primera. Este acontecimiento tiene lugar con una fecuencia media entre las nevadas en Bilbao y los juegos olímpicos, más o menos.

Meses y meses de sudor y sangre -y momentos de acojono, como cuando un gato se asomó a la ventana de la lavandería muy lentamente-, amistades entrañables -un tío que estudiaba dirección de orquesta, ni más ni menos- y lecturas nocturnas me han otorgado cierto vínculo inquebrantable con las máquinas. Hoy me he sentido the Chosen One mínimo cuando, justo al llegar, la secadora se ha puesto a pegar pitidos como diciéndome “Hola, justo estaba acabando”. Es como esos zoólogos que, tras años despiojando gorilas y comiendo termitas en el corazón de la selva, son finalmente aceptados en la manada y consiguen entender y ser entendidos. Como decía, este momento de comunión con la Máquina (acompañado del éxtasis de la ropa caliente y limpia) me ha inspirado para escribir sobre el apasionante mundo del día L, un tema tan complejo y lleno de matices que este artículo no le hace justicia.




Visiones del Fin

3 03 2008

Sólo estamos en marzo, pero algunos ya empezamos a darnos palmaditas en la espalda y a lanzarnos miradas elocuentes, temerosos del momento del adiós que podrá darse en dos meses o tres. Pasé por el trauma de quedarme sin mis vecinos premium, de esos con los que además de encontrarte ojerosos por las mañanas, también sales de fiesta y te tomas cafés tranquilamente. Tras decir auf Wiedersehen a Matthias y Bianca, ahora empiezo a adentrarme en el desagradable mundo de las fiestas de despedida que, aunque ya existieron en diciembre y enero, ahora forman parte de la categoría Gente-extremadamente-importante y que ocurren antinaturalmente pronto.

El viernes descubrí lo mucho que se puede echar de menos a una persona que todavía no se ha ido, como es el caso de la fiesta de despedida de Malte, alemán que conocí el primer día en el orientation programme y con el que a pesar de sus continuados intentos de echarse novia sueca he seguido manteniendo el contacto. Introduzcamos escenas nebulosas con música emo-tiva de fondo, bicicletas, sonrisas, noches de fiesta, conversaciones profundas, cafés, abrazos, fundido en negro. Blog otra vez. Que él se fuera en un momento tan raro (la deserción en masa se dará allá por mayo) no es tan asqueroso como el pensar que su marcha es más bien el símbolo de lo que al final va a acabar pasándonos a todos. Anteriormente ya se fue Fabio, otro pilar de nuestro panteón a la simpatía alemana, dejando tras de sí un mar de lágrimas y un montón de gente esperando su regreso. Y los que nos quedamos aquí pensamos que tal vez sea mejor irse el primero, en lugar de ver cómo dar tanto abrazo acaba por perder el sentido, como cuando repites cualquier palabra demasiadas veces.

Así que ahora me sorprendo poniendo cara de sufrimiento melodramático en medio de anónimas caras en el metro, nada que envidiar a escenitas tipo Lost in translation (o su homenaje/plagio estilístico a manos de Marlango), mientras escucho en modo bucle la canción Think I Wanna Die [if you don't stay] de esos jóvenes, veraniegos y estupendísimos chicos de suburbio americano (Springfield, Missouri) Someone Still Loves You Boris Yeltsin. La idea de decir cosas “que te vaya bien en la vida” suena tan fuera de lugar pero tan realista al fin y al cabo que peor queda decir “y seguro que nos vemos”, a lo que habría que añadir un “tal vez una vez más antes de morir”, para ir aceptando que conocer gente erasmus es lo que tiene y que muchas de las caras que se han quedado grabadas en mi cabeza irán desapareciendo poco a poco hasta que ya no pueda recordar si iban unidas al nombre Michael, Matthias o Markus. Conclusión: no os vayáis de erasmus si no queréis pasarlo de pena pasado cierto tiempo de despreocupación atemporal.

Pangea [we used to be together], muy apropiada también.




Antiguas Alumnas

20 02 2008

Esta mañana, todas las generaciones de alumnas hasta el año 19XX del Colegio Nuestra Señora del Carmen (madres incluídas) han recibido una carta de parte de las monjas y demás personal, invitando a su pequeña carmelita interior a acudir a una conferenciaguióndebate sobre valores y al lunch organizado después, “hasta que el cuerpo aguante”, según Nai y demás compañeras que me lo han contado.

Precisamente ahora, cuando estoy en el exilio, se les tiene que ocurrir organizar un evento al que yo iría de cabeza, en condición de comentarista chorra oficial, para volver a ver por dentro ese edificio que fue el universo durante 15 años para muchas de nosotras. Lástima que una parte importante de los símbolos ya no estén, como Aquilina, en paz descanse, nuestra entrañable monja del comedor, que con tanta diligencia nos incrustaba la cuchara en la tráquea y que desde el cielo en el que seguramente está nos repite “con el pan en la mano”; o sister Feli, la monja de inglés con la fuerza de diez mujeres que nos hizo comprender que, tras el niño Jesús, lo más importante de esta vida era la i mayúscula y que ahora vive en otra comunidad, alejada de las grietas carmelitas.

Fuente inacabable de inspiración y personajes pintorescos (que aún dan que hablar, la prueba son los periódicos y las sesiones de actualización a las que me someten mis compañeras en las cenas), ese colegio nos ha entrenado para huir de la Iglesia en general y de la liturgia en particular, pero aunque todas juramos en su día que no meteríamos a nuestra hija en un sitio como ese, posiblemente acabaremos planteándonos cómo de aceptable es el negar a nuestros retoños un ecosistema escolar tan entretenido. Sé que todos los colegios son iguales, pero éste es el único que muchas conocimos y, por mucho que lo neguemos, llevamos el uniforme azul marino, los tongos del concurso de villancicos, los miércoles de ceniza, las colchonetas rancias, las palomas del día de la paz y las canciones de Santa Joaquina para siempre en nuestros corazones.




Off topic

18 02 2008

No puedo aguantarme las ganas de compartir con el mundo una de mis obsesiones más recientes: las pinturas de Josh Keyes. Nunca habría esperado que alguien pudiera reproducir el antiséptico y soleado mundo de las ilustraciones de los libros de geografía con una originalidad y un esplendor tan bestial.

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Destrozos

13 02 2008

Atiendo, al fin, la petición popular (de Wakka) de ver el desastre de mi cocina. Afortunadamente, todo ha cambiado.

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Primer momento de histeria.

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La campana.

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Matthias observando el desastre (nótese la mierda en el techo).

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Los restos de la lata.

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Lata incrustada por su propia fuerza de despegue.

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Perímetro precintado con notas de precaución.

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Caldo de cultivo habitual (no tiene que ver con la lata, pero tenía que ponerlo).

Ahí está el poder de la imagen.





Expectativas

11 02 2008

Mientras se me hace el arroz (hoy he tenido día casero con albóndigas estilo abuela incluidas), he decidido tomarme en serio el asunto del blog y escribir un poco sobre mi semana.

Como venía explicando desde hacía tiempo, la vida en mi korridor llegó a un nivel de desastre difícilmente superable, pero la llegada de la francesa -que finalmente no es vasca, sino que vive justo al otro lado de la frontera- provocó multitud de sentimientos amistosos que desembocaron en una cena de pasillo en la que cada uno cocinó algo típico. En mi caso fueron las torrijas, aprovechando el momento carnavalesco, recibidas con jolgorio general y votadas como mejor plato. Esto ha hecho que el ambiente entre los vecinos esté menos caldeado (exceptuando al brasas del iraní, al que he decidido hacerle el vacío lo que me queda de vida en común con él) y que, en general, el simple acto de cocinar sea soportable.

Ese mismo lunes terminé con mi pesadilla, conocida como Old English, en un examen de tres horas y media que me salió bastante mejor de lo que me había parecido en un principio. Desbordada por la situación de felicidad, tomé la decisión de organizar una fiesta de carnaval en mi korridor, con eso de que los de Kungshamra estamos bastante marginados del centro fiestil, y también porque aún ignoraba los efectos que una korridor party puede tener en tu cocina y/o habitación. Dicho evento tuvo lugar el viernes, atrajo a alrededor de unas 50 personas y recibió felicitaciones por la música, la sangría y las torrijas (otra vez). También me dejó la habitación hecha un cristo, pero desde entonces paso las horas muertas convenciéndome de que mereció la pena.

A lo largo de esta semana, en la que acudí a más fiestas que tampoco tiene mucho sentido que describa aquí, han tomado forma dos grandes planes para marzo. El primero, atado y reservado, son cinco días con ocho amigos en una cabaña perdida en la nada norteña de Suecia, Laponia, para montar en el clásico trineo de perros (según ciertas personas, algo que todo el mundo debería hacer antes de morir) y en motos de nieve, y si Dios se porta, ver la aurora boreal. [Introducir aquí comentarios de envidia] El segundo era, hasta el sábado, un tour de tropecientasmil horas en bus hasta San Petersburgo y Moscú, apetecible y bohemio y demás (imaginemos himno ruso con Kremlin de fondo), pero por la nada desdeñable cifra de 500 papeles que mis amados padres agradecerán no pagar. Este viaje, que gran parte de la población erasmus decidió hacer el semestre pasado, ha perdido fuerza frente a la oferta de vuelos a Berlín por 8 euros, objetivo no menos interesante y absurdamente barato que discutiremos en un futuro cercano.

Así que entre viajes, asignaturas interesantes, noches cada vez más tardías y mi decisión de empezar a cocinar en condiciones, el mes que me espera lo tiene fácil para superar el desastre de enero. Veremos como va saliendo.