Agosto. Nos vemos las caras por primera vez bajo las luces rojas de Allhuset. Desmond, Inés, Marcos, Kike, Marta, Fernando, Christian, Malte, Dani, Fabio, Carlos, Hendrik, trescientos más. Con todo por delante. Hendrik y yo nos olvidamos de esperarnos mutuamente en el metro. La mañana siguiente somos amigos.
Septiembre. Bianca, Matthias y yo tomamos café en la cocina mientras hablamos del futuro. Malte me muestra Södermalm. Sébastien, Fernando, Marie y yo espantamos patos en Norrtälje. En Uppsala, David y yo pedaleamos hasta los túmulos de los reyes.
Octubre. En Oslo, Matthias, Kike, Carlos y yo nos encaramamos a las estatuas de Vigeland. En el barco a Tallin, Ellen, An y yo vemos el videoclip de Titanic. En la torre de Slussen, Fabio, Matthias Witte, Malte y yo nos encontramos por casualidad y decidimos cenar en Hermans.
Noviembre. Bianca cumple años. Frente a Gula Villan, tenemos nuestra primera guerra de nieve. En Copenhague, David y yo vemos treinta globos rojos entrar por una puerta. En Riga, pierdo dos pares de guantes subiendo al edificio más alto de la ciudad. Amaya y sus amigas se pasan por Estocolmo, el KGB y el ACE.
Diciembre. En Lappis, Fabio se convierte en una Santa Lucía barbuda y fumadora. Pablo, Marta, Kike, Inés, Carlos, Fabio, Ramón, Julie, Nacho y demás familia cantamos y brincamos en el aire frío de Södermalm.
Enero. La explosión de la lata tiene lugar en la cocina. En el korridor de Fernando, descubrimos una emisora de rock de los sesenta. En Gula Villan, Fabio nos dice adiós. Algunos intentan no llorar.
Febrero. Super Lappis, Super Kungshamra y Yuga, entre otros, visitan la fiesta de carnaval de Kungshamra 21. Inés cumple años y celebra una de las mejores fiestas que recuerdo. Frente a Café Bojan, Guillaume y Nic me suben a un árbol mientras grito y pataleo. Inés se sube al techo de Allhuset y Marta le echa la bronca desde abajo.
Marzo. En Kiruna, Dani empotra su moto de nieve contra un árbol y sale ileso. Inés recibe el mayor susto de toda su vida en la cabaña. Nacho muestra su lado oscuro jugando al Monopoli. Las luces del norte nos hacen gritar de euforia, pese al metro de nieve congelada que nos rodea. En Berlín, Lennie, Águeda y yo nos colamos en la universidad. Nathan nos despierta con café y croissants. En la pelea de almohadas de Sergels Torg, Kohta y yo nos pegamos días antes de conocernos. Endika viene a verme.
Abril. Sevan, Carlos, Marcos, Ramón y yo miramos Estocolmo desde las rocas de Slussen. Federico y yo nos decimos adiós en la playa. Groupies, chulos, chonis y estrellas del porno invaden el korridor de Dani. En la playa de Lappis, Inés, Marta, Carlos, Pablo, Marcos, Kike, Ramón y demás volvemos a nuestra infancia jugando al pañuelito. En Uppsala, la mitad de los erasmus de Estocolmo pasamos la tarde de Walpurgis tirados en la hierba.
Mayo. En Gröna Lund, Pablo, Ramón, Carlos, Inés, Marcos y yo ganamos un Kex gigante. Fabio nos visita. Södra Teatern sufre una de las mayores incursiones erasmus del año. La resaca no nos impide llegar al brunch dominguero de Mosebacke. Inés, Pablo y Ramón nos dejan. A Fernando se le diagnostica leucemia. Se marcha a Barcelona.
Junio. En Hamburgo, Malte me enseña su mundo en bicicleta. Marta, Desmond, Marcos, David y compañía jugamos al escondite en el laberinto de Drottningsholm. En Millesgården, Marcos, Marta y yo vemos esculturas de duendes y sirenos bajo la tormenta. En el archipiélago del sur, todos los piragüistas descubrimos una luna roja grande como un puño.
Solsticio de verano. Aquí y ahora, escribo mi última entrada como erasmus.
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