Aparte de en mi propio korridor, la mayor fuente de contactos la tengo en la clase de sueco, en la que todo el mundo anda más o menos igual de perdido que yo y todos tienen algo que hacer, ya sea terminar con todos los papeles (algo imposible dada la pasividad de los coordinadores) o hacer una visita urgente a Ikea. A partir del primer día (ese día de mierda que ya relaté), el grupo de gente con el que salgo -y me dejo una pasta en mensajes ya que si no sabes sueco aquí las compañías te timan- va creciendo y ya tenemos estudiantes de Alemania, Francia, Italia, Polonia y Lituania, además de un catalán y un fichaje potencial de Holanda.
Es interesante ver que, sin referencias ni nada más que hacer, juntarte con otras personas es mucho más fácil que en tu propia ciudad, donde tienes tus cosas y una vida diaria ya establecida. Los planes se forman con mucha más rapidez y en un rato ya estás haciendo pasta italiana en el korridor mientras conoces a una chica recién llegada y le ofreces un plato. Anoche había gente de tantos países en tan poco espacio que es realmente una sensación curiosa y a la vez bastante agradable saber que puedes empezar una conversación con cualquiera de ellos sin que parezca raro o fuera de lugar.
Sólo llevo aquí unos días, pero sobreponerme a toda la falta de información, coger los metros correctos, organizar mi vida diaria poco a poco y conocer gente de cualquier parte del mundo antes de empezar el curso en la uni va a ser como salir viva de una especie de guerra contra el caos erasmus, y creo que esto es una gran ventaja sobre los que vayan a llegar a finales de mes. El primer día me arrepentía de haber pedido el curso intensivo, pero ahora creo que sin él me habría perdido una gran parte de lo bueno que da la vida erasmus.



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