Mi vida de estudiante erasmus, pasada una corta temporada de novedad, comenzó a limitarse geográficamente entre la universidad, el supermercado y la residencia. La rutina se vició y hace tiempo que empecé a hartarme de no ver sitios nuevos, sobre todo porque las fiestas erasmus están bien, pero no para todas y cada una de las noches. De vez en cuando conseguía salir al centro menos caro de la ciudad y ver bares nuevos, aunque algunos de ellos tienen un límite de edad bastante ridículo causado, creo, por ciertas leyes suecas que intentan limitar cutremente el consumo de alcohol. Pero esa es otra historia y será contada en otra ocasión.
La cuestión es que, por fin, visité en condiciones la isla al sur de la ciudad. Södermalm es conocido como la zona bohemia, aunque ese nombre se ha quedado anticuado y ahora podríamos ponerle las etiquetas de alternativa, indie y demás adjetivo que sugiera cierta ruptura con lo convencional, aunque ahora es lo que está de moda. Södermalm alberga tiendas de ropa de segunda mano a precios de diseño (200 euros) con música de djs en vivo, papeleras convertidas en piezas de museo, decenas de galerías de arte y tiendas de antigüedades y vinilos, bares de todo tipo -uno completamente dedicado al personaje de Hello Kitty, otro que celebra una fiesta mensual cuya fecha nadie conoce- y, en general, cualquier comercio que no encontraríamos en el centro de la ciudad, lo que no significa precios más bajos. La originalidad y lo “indie” se cobran bien, y tal vez sea eso la única queja que tengo del sitio. De hecho, sé que voy a visitarlo con bastante frecuencia, pues ya le he echado el ojo a alguna cosa por ahí.
Por las noches, Södermalm ofrece el término medio entre pagar una burrada por un cubata (que no es cubata ni es nada, sino vaso cutre llenado con dosificador) y quedarse en casa. Conclusión: el joven sueco de a pie encuentra en esta zona todo lo que necesita, ya sea pantalones pitillo, lámparas de los 60 o conciertos diarios de grupos casi desconocidos, pues toda la producción “rompedora” se concentra en esta isla, aun cuando lo alternativo lleva años comercializado. Y si te cansa tanto diseño y originalidad, siempre puedes subir una cuesta brutal y sentarte ante la mejor vista de toda la ciudad y el mar que la rodea.



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