Södermalm

23 09 2007

Mi vida de estudiante erasmus, pasada una corta temporada de novedad, comenzó a limitarse geográficamente entre la universidad, el supermercado y la residencia. La rutina se vició y hace tiempo que empecé a hartarme de no ver sitios nuevos, sobre todo porque las fiestas erasmus están bien, pero no para todas y cada una de las noches. De vez en cuando conseguía salir al centro menos caro de la ciudad y ver bares nuevos, aunque algunos de ellos tienen un límite de edad bastante ridículo causado, creo, por ciertas leyes suecas que intentan limitar cutremente el consumo de alcohol. Pero esa es otra historia y será contada en otra ocasión.

La cuestión es que, por fin, visité en condiciones la isla al sur de la ciudad. Södermalm es conocido como la zona bohemia, aunque ese nombre se ha quedado anticuado y ahora podríamos ponerle las etiquetas de alternativa, indie y demás adjetivo que sugiera cierta ruptura con lo convencional, aunque ahora es lo que está de moda. Södermalm alberga tiendas de ropa de segunda mano a precios de diseño (200 euros) con música de djs en vivo, papeleras convertidas en piezas de museo, decenas de galerías de arte y tiendas de antigüedades y vinilos, bares de todo tipo -uno completamente dedicado al personaje de Hello Kitty, otro que celebra una fiesta mensual cuya fecha nadie conoce- y, en general, cualquier comercio que no encontraríamos en el centro de la ciudad, lo que no significa precios más bajos. La originalidad y lo “indie” se cobran bien, y tal vez sea eso la única queja que tengo del sitio. De hecho, sé que voy a visitarlo con bastante frecuencia, pues ya le he echado el ojo a alguna cosa por ahí.

Por las noches, Södermalm ofrece el término medio entre pagar una burrada por un cubata (que no es cubata ni es nada, sino vaso cutre llenado con dosificador) y quedarse en casa. Conclusión: el joven sueco de a pie encuentra en esta zona todo lo que necesita, ya sea pantalones pitillo, lámparas de los 60 o conciertos diarios de grupos casi desconocidos, pues toda la producción “rompedora” se concentra en esta isla, aun cuando lo alternativo lleva años comercializado. Y si te cansa tanto diseño y originalidad, siempre puedes subir una cuesta brutal y sentarte ante la mejor vista de toda la ciudad y el mar que la rodea.





Me Cago en los ECTS

15 09 2007

Como bien temían algunas personas, la vida erasmus es la vida mejor para el norteño que viaja hacia el mediterráneo y alrededores, pero no al revés. Esta semana y media de silencio bloguil han sido un intento desesperado por ponerme en serio y adelantar trabajo de la uni, pero es imposible. El mínimo de tres libros semanales que tengo que leer en dos de mis cuatro asignaturas es suficiente para impedirme pensar siquiera en la posibilidad de leerme los de la semana que viene, sólo para poder tener un maldito finde libre e irme a Tallin, Oslo o lo que caiga.

El día que fui a elegir las asignaturas con mi rubia coordinadora, tenía la opción de dar un curso tocho de lingüística, el cual junto con el curso de sueco, el obligatorio de literatura y el opcional me daría créditos suficientes para salir del paso como estudiante a tiempo completo. Mi motivación con las asignaturas era tal que yo quería dar dos opcionales, y le expresé mi intención de ignorar el sistema educativo y meterme en una más de la debida. Que no, que va a ser muy duro, me decía. Y yo, radiante de energía y ganas de currar, que sí. Instantes más tarde, la revelación de que el curso de lingüística era obligatorio sólo para los suecos y de que mi DNI indica que no lo soy me movió a abandonar esa cosa inflada de créditos y coger dos opcionales, el obligatorio literario y el de sueco, lo que daba un total insuficiente pero admisible. Así que quí estoy, dando menos créditos de lo normal y cagándome en lo más barrido.

He de admitir que el único problema son los miles de hojas que hay que leer, ya que las asignaturas en sí no son muy difíciles, y aunque lo fueran, son mucho más interesantes de lo que esperaba. Power & Crime es un curso literario que estudia los elementos de (adivinad) el poder y el crimen en la literatura inglesa, desde los cuentos de Canterbury hasta el relato corto contemporáneo. La metodología que usamos la estudié en primero en Deusto, así que en cuanto a comentarios pedantes no hay quien me supere. El único problema es que nos obligan a reunirnos con un grupo una vez por semana para discutir sobre la lectura, lo que me hace decir muchas más chorradas de lo normal.

English Literature for Young Readers es como suena, una asignatura que alguno podría considerar para tontitos, pero que no lo es. Para esta, aunque es opcional, tenemos la misma profesora y eso significa grupos de discusión obligatorios. La diferencia: leemos a Lewis Carrol, Roald Dahl, C.S. Lewis y demás autores que escribieron para niños, lo que lo hace bastante interesante en el sentido de que nunca antes había visto estudios enfocados a la literatura infantil. Por último, quiero expresar mi total desesperación con respecto a Old English, fase del inglés tiempo atrás comprensible pero que ahora suena a sueco antiguo (y casi lo es) y cuyas reglas gramaticales y demás múltiples dificultades tenemos que estudiar por nuestra cuenta, acumulando dudas para las dos horas de clase que tenemos a la semana. Si es o no un buen sistema, aún no lo sé, pero yo no acabo de verlo.

He de decir algo en favor de las clases aquí (que en realidad son lo de menos, porque el trabajo es un 90% personal), y es que, por primera vez desde que entré en la universidad, la gente puede levantar la mano, comentar y discutir sobre literatura -que parece lo lógico, pero no lo es tanto- sin que le miren con cara de “y éste a donde va”. Entre esto y mis clases de inglés antiguo a lo Tolkien, me siento de vuelta a los tiempos en los que ir a la universidad significaba algo.





Erasmus Party II

6 09 2007

El paso del tiempo va desvelando ciertas caras de la gente que pueden no gustarte en absoluto. Mi predisposición al diálogo en cualquier lugar y con cualquier sujeto ha sido malinterpretada alguna vez como una actitud ligera de cascos, por decirlo de alguna manera. Me costó un par de días dejar de echarme la culpa a mí misma y llegar a la conclusión de que, efectivamente, la gente viene aquí a follar más que a establecer enriquecedoras relaciones internacionales. Que no digo que no esté bien dedicarse al sano ejercicio de tirarte a alguien todos los días -con posibilidad de poner chinchetas en la ciudad de origen correspondiente para jolgorio general y propio-, pero en mi caso no es a lo que he venido.

Las fiestas erasmus son lo que son; por algo los camareros de Allhuset reparten condones por la barra cuando el ambiente está lo suficientemente caldeado y antes de la irrisoria hora de cierre (1:00 AM). Pero molesta bastante saber que, por muy interesantes que te parezcan, las conversaciones que mantienes con el sexo opuesto son consideradas por un 99% de la población estudiantil como el movimiento previo a llevarte al huerto. Tal vez no sé distinguir entre situaciones y en realidad es totalmente lógico que, cuando se enteran de que tengo novio, los miembros del sexo opuesto me releguen al campo de las horas diurnas; pero sigue haciéndome gracia (insana) comprobar en las fiestas que, si les das la opción de irse para buscar a una libre, se van.

Mi estado civil se ha convertido en una criba muy útil con respecto a la selección de mi círculo social, aunque estoy muy lejos de convertirme en una energúmena antihombres y quemasostenes. Aún queda la incógnita de los que, aun sabiendo que no pueden llegar a más conmigo, siguen dándome coba para ver si caigo, algo que probablemente contribuiría en gran medida a reforzar su autoestima. Mis hipótesis paranoicas se multiplican por momentos y temo que me impidan distinguir al tío que realmente merece la pena del baboso común. A pesar de todo, he comprobado mil y una veces que no puedo cambiar mi forma de ser, así que seguiré siendo igual de abierta con todos, quieran tirárseme o no, y lidiaré con las consecuencias como bien me permita mi escaso orgullo femenino.