Que adentrarme en la vida diaria sueca suponía una gran diferencia con mi lugar de origen ya lo sabía. Lo que no esperaba es que, tras cuatro meses, todavía estaría abriendo la boca ante lo que pueden hacer los impuestos brutalmente altos de este país. Lo que tiene este sistema educativo es que no te pasas mucho por la universidad si consideras que tu participación consiste únicamente en mirar a los profesores a la cara. Pero no ir a la Universidad de Estocolmo (las mayúsculas subrayan su majestuosidad) más de lo estrictamente exigido en el panfleto de los créditos significa que te pierdes una gran parte de la fiesta -sentido figurado-.
Parece que estoy haciendo propaganda. Y tal vez sea cierto. Pero es que no puedo aguantarme las ganas de hablar sobre lo indescriptiblemente brutal que es la biblioteca de la uni. Para empezar, poder coger los libros por ti mismo dice algo del sitio. Para el que no sepa, en mi universidad eso ya no se puede hacer. Los estupendos ordenadores retro de Deusto hacen su trabajo, pero no hay nada más entretenido (para mí, lo sé) que dar vueltas por las estanterías y ver tomos hiperviejos de vez en cuando, con la satisfacción final de encontrar el libro que estabas buscando, aunque el sistema de letras y números esté específicamente diseñado para que jamás lo consigas.
La biblioteca de la universidad, además de una gargantuesca colección de libros imposible de leer en toda una vida (lloro cada noche por ello), tiene una moqueta blanda, zona con sofás para lo que se supone que son trabajos en grupo, innumerables peceras -las de estudiar- y una población en su mayoría sueca que hace del sitio un silencioso templo de calefacción y cultura a partes iguales. Yo nunca he sido de ir a bibliotecas a estudiar, pero en ésta podría quedarme a dormir. Buscar un libro es sólo la excusa, esta biblioteca es un fin en sí mismo.



El universo (que otros prefieren llamar la Biblioteca)…
¡Hola, Arrate!
Las obras de la nueva SuPeRbIbLiOtEcA de aquí están ya muy adelantadas… Y las señoras de la biblioteca potrosa juran y perjuran que en ésta va a poder uno pasearse tranquilamente entre los 20000 libros a los que tendremos acceso. (Pero esto me lo creeré cuando lo viva).
¡Que sepas que los del Taller estamos deseando hacer una incursión a Estocolmo (cuando deshiele y no haga frío polar), si tu invitación sigue en pie!
Bueno, ya queda menos para una reunión talleriense en el “Deustoarrak” o “Lugar donde nos invitan con premeditación y alevosía a pinchos de tortilla CON MORCILLA”. Faltan pocas críticas a la rapidez del calvito con perilla (en su propia nuca) para que nos otorguen un título colectivo de “persona non grata”.
Hasta pronto,
Paula
en la biblioteca de mi facultad uno todavia puede pasearse en medio de los estantes. lo malo es que no es la mitad de bonita como la que describes, y no tiene todos los ejemplares esenciales para todo buen estudiante