Premios

26 03 2008

Primero, toca agradecer a Ainize que haya sido tan maja como para dar un premio a un blog que renuevo con tan poca frecuencia. Muchas gracias por la cosa esta, que aunque parezca que no, hace ilusión. El premio es esto:

premiobrillanteweblogdedw3_thumbnail.png

Y ahora procedo a hacer lo que me corresponde como ganadora.

“1º.- Al recibir el PREMIO, se ha de escribir un post mostrando el premio y se ha de citar el nombre del blog o web que te lo regala y enlazarlo al post de ese blog o web que te nombra ganador.

2º.- Elegir un mínimo de 7 blogs (pueden ser más) que creas que brillan por su temática y/o su diseño. Escribir sus nombres y los enlaces a ellos. Avisarles de que han sido premiados con el PREMIO “BRILLANTE WEBLOG”.

3º.- Opcional. Exhibir el PREMIO con orgullo en tu blog haciendo enlace al post que tú escribes sobre él.

Y cómo no, continuar con esto premiando a los siguientes blogs con el premio brillante:”

El último jardín

la barbarie del lirismo

Martyr for Love

No son horas…

Com’è dolce il naufragar in questo blog

Ozkaritz 

Jag fotograferar Sverige





Laundry

11 03 2008

Hacer la colada es el coñazo más vil e infame que se te pueda ocurrir. Aprovecho la ocasión para adelantar la moraleja de esta historia a todos los jóvenes aún no emancipados (99%): una lavadora dentro de casa es el mejor amigo que jamás tendréis.

Las habitaciones para estudiantes -y los apartamentos de las películas americanas- carecen del instrumental necesario para vestir ropa aceptablemente limpia todos los días del año. El día L (de Lavandería para hispánicos y Laundry para angloparlantes y Commonwealth en general) o T (de Tvättstuga, que suena de pena, por cierto) tiene lugar cuando en el cajón clave sólo quedan las bragas de emergencia y los calcetines de pelo de guanaco que compraste en la puerta del Corte Inglés (ese material que encoge y pica una barbaridad). En ese momento te das cuenta de que no puedes rehuir al destino ni un día más, y bolsa de ikea en mano, te encaminas al edificio subterráneo con una farola siniestra a un lado: un edificio que confirma todos esos mitos cinematográficos de asesinatos en lavanderías (de los cuales yo no tenía la más mínima idea hasta los oportunos comentarios de cierta gente -”¿A la lavandería? ¿De noche? ¿No te acojonas viva?”-).

Pueden ocurrir dos cosas: A) que hayas sido lo suficientemente previsor como para haber reservado dos horas de uso y disfrute semana y media antes, o B) que, siendo idiota como eres, no hayas aprendido la lección a estas horas de la película. En el habitual caso B, habrá que recurrir a cálculos, trigonometría, vectores e integrales (no se me ocurren más palabras matemáticas… espera, sí: logaritmos) para elegir la máquina en uso a la que le queden menos minutos de trabajo, tras cuya intervención podrás incrustar tus 29-38 minutos de lavadora, dependiendo de la carga y de la temperatura que elijas -siempre de forma aleatoria-, mientras el legítimo usuario pone a secar su ropa en la misma máquina en la que más adelante te meterás tú, haciendo uso de tus abundantes reservas de morro. Todo este proceso puede parecer una risueña y caótica escena con música de Benny Hill de fondo, pero no: se trata de una noche larga y tediosa, que consta de un mínimo de seis viajes, tres de ida y tres de vuelta, si has conseguido que las toallas se te sequen a la primera. Este acontecimiento tiene lugar con una fecuencia media entre las nevadas en Bilbao y los juegos olímpicos, más o menos.

Meses y meses de sudor y sangre -y momentos de acojono, como cuando un gato se asomó a la ventana de la lavandería muy lentamente-, amistades entrañables -un tío que estudiaba dirección de orquesta, ni más ni menos- y lecturas nocturnas me han otorgado cierto vínculo inquebrantable con las máquinas. Hoy me he sentido the Chosen One mínimo cuando, justo al llegar, la secadora se ha puesto a pegar pitidos como diciéndome “Hola, justo estaba acabando”. Es como esos zoólogos que, tras años despiojando gorilas y comiendo termitas en el corazón de la selva, son finalmente aceptados en la manada y consiguen entender y ser entendidos. Como decía, este momento de comunión con la Máquina (acompañado del éxtasis de la ropa caliente y limpia) me ha inspirado para escribir sobre el apasionante mundo del día L, un tema tan complejo y lleno de matices que este artículo no le hace justicia.





Visiones del Fin

3 03 2008

Sólo estamos en marzo, pero algunos ya empezamos a darnos palmaditas en la espalda y a lanzarnos miradas elocuentes, temerosos del momento del adiós que podrá darse en dos meses o tres. Pasé por el trauma de quedarme sin mis vecinos premium, de esos con los que además de encontrarte ojerosos por las mañanas, también sales de fiesta y te tomas cafés tranquilamente. Tras decir auf Wiedersehen a Matthias y Bianca, ahora empiezo a adentrarme en el desagradable mundo de las fiestas de despedida que, aunque ya existieron en diciembre y enero, ahora forman parte de la categoría Gente-extremadamente-importante y que ocurren antinaturalmente pronto.

El viernes descubrí lo mucho que se puede echar de menos a una persona que todavía no se ha ido, como es el caso de la fiesta de despedida de Malte, alemán que conocí el primer día en el orientation programme y con el que a pesar de sus continuados intentos de echarse novia sueca he seguido manteniendo el contacto. Introduzcamos escenas nebulosas con música emo-tiva de fondo, bicicletas, sonrisas, noches de fiesta, conversaciones profundas, cafés, abrazos, fundido en negro. Blog otra vez. Que él se fuera en un momento tan raro (la deserción en masa se dará allá por mayo) no es tan asqueroso como el pensar que su marcha es más bien el símbolo de lo que al final va a acabar pasándonos a todos. Anteriormente ya se fue Fabio, otro pilar de nuestro panteón a la simpatía alemana, dejando tras de sí un mar de lágrimas y un montón de gente esperando su regreso. Y los que nos quedamos aquí pensamos que tal vez sea mejor irse el primero, en lugar de ver cómo dar tanto abrazo acaba por perder el sentido, como cuando repites cualquier palabra demasiadas veces.

Así que ahora me sorprendo poniendo cara de sufrimiento melodramático en medio de anónimas caras en el metro, nada que envidiar a escenitas tipo Lost in translation (o su homenaje/plagio estilístico a manos de Marlango), mientras escucho en modo bucle la canción Think I Wanna Die [if you don't stay] de esos jóvenes, veraniegos y estupendísimos chicos de suburbio americano (Springfield, Missouri) Someone Still Loves You Boris Yeltsin. La idea de decir cosas “que te vaya bien en la vida” suena tan fuera de lugar pero tan realista al fin y al cabo que peor queda decir “y seguro que nos vemos”, a lo que habría que añadir un “tal vez una vez más antes de morir”, para ir aceptando que conocer gente erasmus es lo que tiene y que muchas de las caras que se han quedado grabadas en mi cabeza irán desapareciendo poco a poco hasta que ya no pueda recordar si iban unidas al nombre Michael, Matthias o Markus. Conclusión: no os vayáis de erasmus si no queréis pasarlo de pena pasado cierto tiempo de despreocupación atemporal.

Pangea [we used to be together], muy apropiada también.