Laundry

11 03 2008

Hacer la colada es el coñazo más vil e infame que se te pueda ocurrir. Aprovecho la ocasión para adelantar la moraleja de esta historia a todos los jóvenes aún no emancipados (99%): una lavadora dentro de casa es el mejor amigo que jamás tendréis.

Las habitaciones para estudiantes -y los apartamentos de las películas americanas- carecen del instrumental necesario para vestir ropa aceptablemente limpia todos los días del año. El día L (de Lavandería para hispánicos y Laundry para angloparlantes y Commonwealth en general) o T (de Tvättstuga, que suena de pena, por cierto) tiene lugar cuando en el cajón clave sólo quedan las bragas de emergencia y los calcetines de pelo de guanaco que compraste en la puerta del Corte Inglés (ese material que encoge y pica una barbaridad). En ese momento te das cuenta de que no puedes rehuir al destino ni un día más, y bolsa de ikea en mano, te encaminas al edificio subterráneo con una farola siniestra a un lado: un edificio que confirma todos esos mitos cinematográficos de asesinatos en lavanderías (de los cuales yo no tenía la más mínima idea hasta los oportunos comentarios de cierta gente -”¿A la lavandería? ¿De noche? ¿No te acojonas viva?”-).

Pueden ocurrir dos cosas: A) que hayas sido lo suficientemente previsor como para haber reservado dos horas de uso y disfrute semana y media antes, o B) que, siendo idiota como eres, no hayas aprendido la lección a estas horas de la película. En el habitual caso B, habrá que recurrir a cálculos, trigonometría, vectores e integrales (no se me ocurren más palabras matemáticas… espera, sí: logaritmos) para elegir la máquina en uso a la que le queden menos minutos de trabajo, tras cuya intervención podrás incrustar tus 29-38 minutos de lavadora, dependiendo de la carga y de la temperatura que elijas -siempre de forma aleatoria-, mientras el legítimo usuario pone a secar su ropa en la misma máquina en la que más adelante te meterás tú, haciendo uso de tus abundantes reservas de morro. Todo este proceso puede parecer una risueña y caótica escena con música de Benny Hill de fondo, pero no: se trata de una noche larga y tediosa, que consta de un mínimo de seis viajes, tres de ida y tres de vuelta, si has conseguido que las toallas se te sequen a la primera. Este acontecimiento tiene lugar con una fecuencia media entre las nevadas en Bilbao y los juegos olímpicos, más o menos.

Meses y meses de sudor y sangre -y momentos de acojono, como cuando un gato se asomó a la ventana de la lavandería muy lentamente-, amistades entrañables -un tío que estudiaba dirección de orquesta, ni más ni menos- y lecturas nocturnas me han otorgado cierto vínculo inquebrantable con las máquinas. Hoy me he sentido the Chosen One mínimo cuando, justo al llegar, la secadora se ha puesto a pegar pitidos como diciéndome “Hola, justo estaba acabando”. Es como esos zoólogos que, tras años despiojando gorilas y comiendo termitas en el corazón de la selva, son finalmente aceptados en la manada y consiguen entender y ser entendidos. Como decía, este momento de comunión con la Máquina (acompañado del éxtasis de la ropa caliente y limpia) me ha inspirado para escribir sobre el apasionante mundo del día L, un tema tan complejo y lleno de matices que este artículo no le hace justicia.


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6 respuestas

13 03 2008
Paula

Qué submundo. No sé si lo has descrito bien, pero desde luego a mí se me ha formado una idea casi terrorífica en la cabeza…
Gran entrada, Arrate. Me ha gustado mucho.

Un beso,

Paula

14 03 2008
Lander

Increible, que tenebroso mundo de la limpieza…Al menos veo que alli la zona de lavanderia no tiene historia perversa sexual para hombres…si, en efecto. La lavanderia de Mondragon tiene una leyenda urbana de cierto desgarre anal, la cual te hace bajar con el culo apretado las escaleras con olor a humedad de un llenas de cañerias y cadaveres de lavadoras viejas…( hay historias que cuentan que estas viejas lavadoras en su dia fueron de lo mejor del lugar, pero obviamente eso debió de ser hace mucho tiempo)
Un momento, ahora que lo pienso, yo voy a tener que pasar bastante tiempo de julio metido ahi abajo limpiando todos los cubrecamas del colegio mayor (imaginame con vestido de chacha con cofia incluida). Espero que las leyendas queden en lo que son…

Bueno oye, que me estoy alargando mucho. Te mando un besote despues de haber compartido mi propia historia de lavanderia tras leer la tuya. Agur! Un besoteeee

16 03 2008
thebazaarofarts

Me ha encantado lo de las bragas de emergencia en el cajón… Me siento identificada. ¡¡Qué pereza da ir a lavar la ropa, y sobre todo subir las escaleras hasta casa con la bolsa a rebosar de ropa -a rebosar significa toda la ropa que te has traído de Bilbao!!

En fin, si el Erasmus sirve para espabilar lo está haciendo mu bien el mu’ cabrón!!

Un besazo, me ha encantado la historia de la lavadora.

19 03 2008
Sueco

Hola bienvenida a Sverige, te propongo un intercambio de enlaces, escribeme, veo que disfrutas de tus viajes a la “gruva” saludos
/ace

19 03 2008
lyra

Gracias a todos, muchachos.

>Sueco: hola, gracias por pasarte. La verdad es que sólo enlazo a blogs de otros amigos, pero gracias por el ofrecimiento y la bienvenida. Un saludo

24 03 2008
ukey

Tienes un premio en mi blog :)

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