Tengo a Röyksopp como único sedante y la ventana abierta al sol y a las moscas, queridos y cada vez más escasos lectores, haciendo un repaso a mi estado de ánimo actual. Tras un rato de pensarlo en frío, sé que si no fuera por el cielo azul intenso, estaría dándome de cabezazos contra la pared. En parte, eso es lo que demuestra la suequización* avanzada que sufrimos los estudiantes extranjeros.
Aquí, hasta los kioscos sacan terraza en cuanto llegamos a los 15 grados. Desde hace dos semanas, el sol ha aparecido con tanto éxito que todos nos hemos lanzado a campas de la uni a estar tirados, hacer el vago y absorber cual reptiles toda la luz posible. En siete días hemos organizado más barbacoas que en mis últimos seis años de vida, y hemos llegado a estar en la playa bajo la lluvia porque sabíamos que, en el fondo, era un día de sol. Los pájaros empiezan a cantar a las tres de la mañana, el sol se asoma una hora más tarde y los árboles han florecido en dos días. Todo aquí parece que se ha vuelto acelerado y risueño, lleno de bicis, flores, picnics, gente sonriente y estudiantes con los pantalones remangados. Pero la realidad es muy distinta.
En este ambiente pastoral y distendido, me toca montar un seminario, una presentación oral, un take-home exam (lo cual, aun en concordancia con el carácter corta-pega-y-colorea que muchos allegados creen que tiene mi carrera, no es fácil, amigos) y otro trabajo de literatura comparada; actividades todas ellas que chocan frontalmente con mi idea de un mayo florido y hermoso. Mañana toca mezclarse con los nativos en la fiesta conocida como Valborg -más conocida como Walpurgis para los siniestrillos entre nuestros lectores-, celebración pagana idéntica a San Juan pero celebrada el 30 de abril con centro neurálgico en Uppsala, en cuyos verdes campos nos tiraremos también, para igualmente hacer el vago, esta vez acompañados de rebosante cerveza en lata. Situación propicia como la que más para preparar mi clase del lunes.
Las cosas malas no se reducen al ámbito académico, pero como a nadie le apetece leer quejas de cosas que ni le van ni le vienen, dejémoslo en que son cosas con un 65-80% de maldad, que ocupan demasiado de mi tiempo ya sea en forma de acciones y/o pensamientos y que sólo son contrarrestadas por el olor a primavera, carne a la parrilla, asfalto caliente y arena mojada.
[* suequización, sust.: dícese del proceso experimentado por el individuo no-sueco, el cual tras sufrir mal tiempo y oscuridad prolongada durante el invierno escandinavo, corre cual perra al parque o trozo de hierba más cercano en cuanto ve salir un rayo de sol, acompañado de comida, amigos o un balón.]



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