Inés

26 05 2008

Inesita Inés se me ha ido. Y mientras intento hacerme a la idea de que es cierto, de que por mucho que grite bajo su ventana ya no se va a asomar, de que ya no va a echarme la bronca por irme a Kungshamra a dormir, me pregunto qué coño voy a hacer ahora sin ella cerca.

Me han quedado mil cosas sin decir y sin hacer; ha quedado pendiente ese día en el que iba a llenarle el ordenador de música, pendiente la noche para ver The Rocky Horror Picture Show, pendiente la tarde en la playa de Thorildsplan. Y a pesar de ello, intento hacer hueco para todos los instantes que sí hemos vivido, para que se queden quietos y dejen de emborronarse en mi cabeza. Ahí queda Kiruna. Gritando como locas a 100 por hora sobre un lago helado, los abetos como única referencia. Las noches de silencio absoluto a pocos kilómetros del círculo polar, la aurora boreal grabada a fuego en la memoria.

Medborgarplatsen, Södra Teatern, Debaser, Gula Villan. Las paredes de nuestra casa amarilla (nuestra, sólo nuestra, para siempre nuestra) impregnadas de nosotros. Las vueltas a casa berreando, saltando, bailando, todos esos recuerdos que nada significan para nadie excepto nosotros. Las vueltas a la casa que no era mía y sí lo era. Los cafés y las horas y horas de escucha paciente, de risa estúpida, de silencio. Inés ha vuelto a Madrid y ha dejado su sitio vacío, sin que nadie pueda sustituirla. Sólo espero que quien ocupe su cuarto sea la mitad de bueno que ella. Por respeto a esos 20 metros cuadrados.

Asturias, Madrid, Bilbao, Galicia, mil sitios nos esperan. But I’m gonna miss you, chiquita.





Día y Hora

22 05 2008

Nuevo disco, niños y niñas.

[Por este tipo de grandeza es por lo que Coldplay (y Chris Martin) sigue siendo uno de mis mayores fetiches musicales. Youtube, modo bucle, gracias.]

Los más cobardes de entre nosotros hemos tenido que pagar un precio más alto por conocer la fecha de caducidad de nuestro erasmus. El 23 de junio a las 3 de la tarde dará por terminado oficialmente mi año sabático -en todos los sentidos posibles-, cogeré dos aviones y llegaré a Bilbao con la certeza de que ya no tendré nada a lo que volver. Qué hacer con la alfombra, la lámpara y el edredón es algo que todavía no he decidido. Los responsables del student housing, tan prácticos ellos, prohíben que dejes mobiliario/utilidades varias que no estuvieran cuando tú llegaste. Y menos mal que no me dio por pintar las paredes.

Nuestra fase de histeria colectiva modo “esto se acaba” pasó casi oficialmente anoche, cuando nos dimos cuenta de que realmente esto se acaba y tenemos que intentar aprovechar al máximo los pocos días que nos quedan en común. Ramón, Inés y Pablo se van esta semana, y todavía no sé cómo voy a tirarme de los pelos y rasgarme las vestiduras al mismo tiempo.

Esto empieza a vaciarse. Y el tiempo que tenemos para hacer todas esas cosas que queremos hacer por última vez no es suficiente.