Off topic

18 02 2008

No puedo aguantarme las ganas de compartir con el mundo una de mis obsesiones más recientes: las pinturas de Josh Keyes. Nunca habría esperado que alguien pudiera reproducir el antiséptico y soleado mundo de las ilustraciones de los libros de geografía con una originalidad y un esplendor tan bestial.

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Destrozos

13 02 2008

Atiendo, al fin, la petición popular (de Wakka) de ver el desastre de mi cocina. Afortunadamente, todo ha cambiado.

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Primer momento de histeria.

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La campana.

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Matthias observando el desastre (nótese la mierda en el techo).

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Los restos de la lata.

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Lata incrustada por su propia fuerza de despegue.

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Perímetro precintado con notas de precaución.

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Caldo de cultivo habitual (no tiene que ver con la lata, pero tenía que ponerlo).

Ahí está el poder de la imagen.






Expectativas

11 02 2008

Mientras se me hace el arroz (hoy he tenido día casero con albóndigas estilo abuela incluidas), he decidido tomarme en serio el asunto del blog y escribir un poco sobre mi semana.

Como venía explicando desde hacía tiempo, la vida en mi korridor llegó a un nivel de desastre difícilmente superable, pero la llegada de la francesa -que finalmente no es vasca, sino que vive justo al otro lado de la frontera- provocó multitud de sentimientos amistosos que desembocaron en una cena de pasillo en la que cada uno cocinó algo típico. En mi caso fueron las torrijas, aprovechando el momento carnavalesco, recibidas con jolgorio general y votadas como mejor plato. Esto ha hecho que el ambiente entre los vecinos esté menos caldeado (exceptuando al brasas del iraní, al que he decidido hacerle el vacío lo que me queda de vida en común con él) y que, en general, el simple acto de cocinar sea soportable.

Ese mismo lunes terminé con mi pesadilla, conocida como Old English, en un examen de tres horas y media que me salió bastante mejor de lo que me había parecido en un principio. Desbordada por la situación de felicidad, tomé la decisión de organizar una fiesta de carnaval en mi korridor, con eso de que los de Kungshamra estamos bastante marginados del centro fiestil, y también porque aún ignoraba los efectos que una korridor party puede tener en tu cocina y/o habitación. Dicho evento tuvo lugar el viernes, atrajo a alrededor de unas 50 personas y recibió felicitaciones por la música, la sangría y las torrijas (otra vez). También me dejó la habitación hecha un cristo, pero desde entonces paso las horas muertas convenciéndome de que mereció la pena.

A lo largo de esta semana, en la que acudí a más fiestas que tampoco tiene mucho sentido que describa aquí, han tomado forma dos grandes planes para marzo. El primero, atado y reservado, son cinco días con ocho amigos en una cabaña perdida en la nada norteña de Suecia, Laponia, para montar en el clásico trineo de perros (según ciertas personas, algo que todo el mundo debería hacer antes de morir) y en motos de nieve, y si Dios se porta, ver la aurora boreal. [Introducir aquí comentarios de envidia] El segundo era, hasta el sábado, un tour de tropecientasmil horas en bus hasta San Petersburgo y Moscú, apetecible y bohemio y demás (imaginemos himno ruso con Kremlin de fondo), pero por la nada desdeñable cifra de 500 papeles que mis amados padres agradecerán no pagar. Este viaje, que gran parte de la población erasmus decidió hacer el semestre pasado, ha perdido fuerza frente a la oferta de vuelos a Berlín por 8 euros, objetivo no menos interesante y absurdamente barato que discutiremos en un futuro cercano.

Así que entre viajes, asignaturas interesantes, noches cada vez más tardías y mi decisión de empezar a cocinar en condiciones, el mes que me espera lo tiene fácil para superar el desastre de enero. Veremos como va saliendo.





Nieve II

2 02 2008

[Actualizado: fotos de la nevada en mi flickr] 

Entre los europeos del sur nos hemos intercambiado mensajes de carácter meteorológico con todos los que, por casualidad, no se hubieran enterado del notición. Todo lo que no ha nevado estos meses (porque lo único que hemos pisado hasta hoy ha sido barro) ha caído esta tarde, dejando árboles, coches y demás mobiliario urbano cubiertos por esponjosas capas blancas.

Es el primer día de mi vida que piso una capa de nieve profunda (no la nieve congelada de Alto Campoo ni la cutreaguanieve bilbaína), y hoy por fin puedo pronunciarme al respecto. Andar sobre la nieve es como pisar millones de diminutos osos amorosos, fríos y húmedos, pero no por ello menos blanditos. Los testigos saben que he reído y saltado como posesa, movida por la emoción incontenible. A ver si esta vez dura más de una semana. Próximamente, Arrate cagándose en la nieve y en Dios, el Demiurgo o quienquiera que fuera el gracioso que inventó un elemento tan inútil y despreciable.





Última hora

25 01 2008

La francesa es vasca también, concretamente de Biarritz, y mi compañera de limpieza.





Coup d’État

25 01 2008

[Antes de nada, comento que es más que probable que al final no me cambie de sitio. Como dije, he cogido demasiado cariño a las bolas de pelusa de esta habitación.]

Una nota en la pared de la calle y los testimonios de un par me confirman que ha llegado alguien nuevo, al fin. En estas fechas, todo el mundo abre su puerta con ansia para descubrir alguna cara nueva y asustada a la que poder presentarse como superveterano y darle la bienvenida. Nuestra nueva integrante en la mierda comunitaria es una francesa llamada C. Pero no está asustada. C. no tiene miedo. C. quiere que limpiemos la cocina.

Semana y media después de que, efectivamente, fuera el iraní el que organizó el destrozo de la lata, el hombre ha vuelto de un viaje por unos 6 países europeos -aprovechando que quería ir a Europa del este a arreglarse una muela, se pasó por Italia y España de turismo, a tiro de piedra, vaya-, desvelando la incógnita de los carteles y agradeciendo a los humanitarios seres que limpiaran todo el cristo. Lo que no sabía este hombre es que aún queda un sitio por limpiar, que precisamente es el más importante: no es orégano todo lo que reluce, y la campana (o esa cosa que saca el humo/vapor afuera) fue la que recibió el mayor pringue. Esto es algo que no se ve a no ser que metas la cabeza, pero lo que sí vemos es cómo, poco a poco, trozos sin identificar caen directamente a la comida que cocinas (Gracias por el embutido, padres míos).

Como decía, ha llegado la francesa, a la que yo todavía no he visto, aunque debió de llegar a principios de semana. Quiere montar una limpieza amistosa general en la “fucking kitchen” porque “looks like shit”, y luego hacer una dinner. Efectivamente, C., nuestra fucking kitchen looks like shit, pero si llegas nueva a un sitio, por lo menos no empieces soltando dos perlas como esas contra tus vecinos. Sin embargo, no seré yo la que le ponga pegas. Mientras consiga que la gente friegue los cacharros, puede darme todas las órdenes que quiera. Ted ha dicho, recordando con sonrisa nostálgica el estado policial de Selma, que me gustará, con eso de que quiere mantener la zona común limpia. Si la mierda podrá con ella, como con el resto, lo sabremos pronto. La gente parece tan ilusionada. Y ver al amigo mahometano frotando la campana es de lo más entretenido.





Infierno

19 01 2008

¿Podían ir las cosas a peor? Por supuesto que sí.

A comienzos de semana, una lata de algo que creemos que fue alubias salió disparada de la cazuela y explotó, empotrándose contra la campana del fogón y repartiendo su interior por el techo, el suelo, las paredes y los armarios de toda la cocina. Desde entonces, el iraní no se ha asomado por el pasillo. Creemos que está muerto o a la fuga. Ayer despareció una de las pocas sillas que nos quedan. Hoy se ha roto el sofá.

Las cosas siempre pueden empeorar y por eso no levanto el puño desafiante hacia los cielos. Lo último que quiero es que Dios decida mandar una epidemia de peste o fiebre amarilla únicamente a los habitantes de este cuchitril localizado en el segundo piso de Kungshamra 21. Desde que Bianca se fue y a Matthias se le acabó el contrato, me he quedado sin amigos en este edificio y ahora lo único que me ata a este sitio de mala muerte es el cariño que le he cogido a mi habitación. Una vez colocas los muebles como quieres, compras una alfombra, adecuas tus vértebras a la gomaespuma, repartes tus cientos de objetos inútiles por la mesilla y robas suficientes carteles de la calle para empapelar la habitación, la verdad es que una segunda mudanza no te apetece demasiado. Pero es que la mierda me presiona.

Por eso estoy dando gracias al Karma o a lo que quiera que me haya dado la primera buena noticia del año en lo que a habitáculos se refiere. Uno del korridor de Michael se va a trabajar de policía a Uppsala y alquila su habitación hasta finales de junio. No ha hecho mucha falta que me rogaran para que me lo pensara, pues ese pasillo es una comunidad de amor y armonía, en la que cocinan y ven películas juntos, hacen barbacoas, friegan los platos y hacen tantas otras cosas que suenan tan bien y tan lejanas desde mi infierno vecinal.Cambiarme de sitio significaría mover todos mis trastos y volver a acostumbrarme a un sitio ajeno hasta que adopte mi forma y mi olor, pero si el precio por tener ya un pseudo-hogar es aguantar toda esta basura, los argumentos están bastante a favor de la huída.

Problema: mi contrato dura hasta junio también, y tiene que estar pagado. Primero tendré que encontrar a alguien que necesite una habitación, cosa bastante fácil teniendo en cuenta que empieza el nuevo semestre y me han dicho que hay 40 italianos durmiendo en un albergue. Si las cosas salen bien, podré recuperar el alquiler de este sitio que no vale lo que cuesta y salir airosa del problema base. Pero aún no hay nada en claro. Lo único que sé es que Kungshamra 21 me ha vencido y, si al final tengo que quedarme aquí, empezaré a pensar en comprarme una motosierra y ganarme la fama a pulso.





Sobre moho y trenes en marcha

13 01 2008

Llega el día que levantas el puño, abres el libro y declaras que no te levantarás de la silla hasta conseguir meterte en la cabeza las leyes de Grimm, de Verner y de la i-mutation (gracias Tolkien por abrir las puertas a la investigación del inglés antiguo) de un tirón. Y entonces es cuando tu vecino, del que te separan aproximadamente 15 cm de pared, pone su disco de technopachanga a toda pastilla y en modo bucle.

Hace un par de días habría escrito un post ensalzando lo bonito de volver a casa por navidad y tener algo que contar a los amigos, la familia y todos esos conocidos que, después de dos o tres años sin saber nada de ti, descubren que estás de erasmus y también te preguntan. Repites el “Pues muy bien, todo muy bonito, gente de todas partes, viajas mucho, estudias más de lo que cuentan, aprendes a abrir tu mente, otros puntos de vista…” hasta que realmente te planteas si has hecho algo digno de contar en esos cuatro meses, o incluso en toda tu triste vida.

Pero ya no voy a escribir sobre la vuelta al turrón, los árboles azul-denso de la Gran Vía, los anuncios con la gritona de Vodafone, la plataforma antipapánoel, la nochevieja (cada año más depresiva que la anterior), los langostinos fríos del 25 de diciembre y la gente que va con abrigo a 18 grados. Porque no. Y porque llevo menos de una semana aquí, pero ya tengo material para ponerme de mala hostia durante meses y aburriros a vosotros durante años, queridos -y cada vez más escasos- lectores.

Todo el mundo -los estudiantes de intercambio- sabe que hay dos etapas en las que la cocina se convierte en tierra de nadie y las normas de limpieza se relajan. Ya relaté mi experiencia en agosto y no la repetiré, excepto el hecho de que las encargadas del procedimiento este-es-mi-pasillo-atrévete-a-tirar-una-lenteja-al-suelo ya no están y es muy probable que esta sea la raíz del problema. Puedo afirmar con total certeza que, con los restos de comida del fregadero, puede hacerse una sopa que cumpliría todos los factores de la pirámide alimenticia. Puede que en otros países los desagües tengan el diámetro de una paellera, pero aquí en Estocolmo no. Y el caldo de cultivo, en este caso literal, que se organiza cada semana ya nos hizo una vez felices padres de una colonia de moho más grande que mi puño.

Hablaba de Tierras de Nadie. Navidad es el segundo momento clave en el cual la limpieza no es sólo inexistente, sino que la capacidad de ensuciar de los inquilinos que se quedan se multiplica por 100 al cubo. Y la única regla física a la que obedece la mierda es que siempre cabe más. Algunos inocentes creíamos que otorgarle el título de gerente a nuestro compañero iraní nos ahorraría la molestia de tener que aguantarle dando sugerencias diarias a cualquier otro. La limpieza no ha mejorado lo más mínimo y, además, gracias a esa astuta estrategia, el Decálogo -colgado en la pared En Nombre de Dios, de verdad- del Vecino Respetuoso incluye no hacer ruido a partir de las 10 de la noche, no hablar mal de los compañeros cuando no están delante y no besar a la novia en el sofá de la cocina. Y si eso, cásate primero ante mi Dios, que es el único y verdadero y cuya existencia ha sido probada en este estupendo libro, escrito por un científico musulmán 100% cualificado para la misión. Y si no, al infierno de cabeza, pero de buen rollo, vecino. Gracias, experiencia erasmus, por ampliar y afianzar mis nebulosos estereotipos raciales y culturales. Espero que a las dos o tres habitaciones libres que quedan vengan personas normales o, al menos, de esas que friegan los platos sin que queden más grasientos que al principio.

Pero no todo es malo. La realidad de mi lucha contra las sartenes rezumantes y los musulmanes con sandalias se desvanece cuando cruzo la puerta y me adentro en la noche sueca, que cada vez llega más tarde -actualmente a las 4 pm-. Los hispánicos celebrantes del 6 de enero hemos sido los más tardíos, pero alemanes, franceses y demás fauna europea llegó para fin de año y parece que las fiestas empiezan a multiplicarse otra vez. Volver a la rutina de leer, ir de fiesta y dormir me ha devuelto, en cierto sentido, lo que era mío. Al llegar a Bilbao me di cuenta de algo que sospechaba: el mundo no se había detenido por mí y los personajes de mi vida se habían seguido moviendo por el mismo escenario. Esta alegoría chorra viene a decir que me dio la impresión de subirme a un tren en marcha en el que no encajaba completamente, para darme cuenta de que, en realidad, la vida que conozco ahora se vino conmigo en verano y tenía que volver aquí para recuperarla.

Así que aquí estoy, tras ponerme como objetivo escribir más en el blog y, a ser posible, aprobar el examen del mes que viene. Mi vecino ha quitado el disco y creo que tengo que volver a la i-mutation (Tolkien, de verdad gracias, no podías haberte quedado sin manos en la I Guerra Mundial).





Cada mochuelo a su olivo

20 12 2007

A dos horas de salir por la puerta de casa como el que deja algo que le pertenece, me doy cuenta de que en realidad los que partimos, partimos para regresar a nuestro origen. Candado, pasaporte, cámara, lentillas. Comprobar que lo llevas todo. Coger el metro, luego el tren, luego un avión, y luego otro. Todos vamos a hacer básicamente lo mismo hoy, un proceso que puede resumirse en hacer “la del turrón” y que tanta ilusión va a hacer a niños y mayores de nuestras respectivas pequeñas patrias conocidas como hogar.

Doce horas de viajes, esperas, transbordos, mochilas, controles, cambios de puerta, turbulencias, pitidos en los oídos, fobias subconscientes, cafés de máquina y cintas transportadoras no me molestan si la recompensa es Bilbao. Vamos a ello.





Por qué esto es el primer mundo

4 12 2007

Que adentrarme en la vida diaria sueca suponía una gran diferencia con mi lugar de origen ya lo sabía. Lo que no esperaba es que, tras cuatro meses, todavía estaría abriendo la boca ante lo que pueden hacer los impuestos brutalmente altos de este país. Lo que tiene este sistema educativo es que no te pasas mucho por la universidad si consideras que tu participación consiste únicamente en mirar a los profesores a la cara. Pero no ir a la Universidad de Estocolmo (las mayúsculas subrayan su majestuosidad) más de lo estrictamente exigido en el panfleto de los créditos significa que te pierdes una gran parte de la fiesta -sentido figurado-.

Parece que estoy haciendo propaganda. Y tal vez sea cierto. Pero es que no puedo aguantarme las ganas de hablar sobre lo indescriptiblemente brutal que es la biblioteca de la uni. Para empezar, poder coger los libros por ti mismo dice algo del sitio. Para el que no sepa, en mi universidad eso ya no se puede hacer. Los estupendos ordenadores retro de Deusto hacen su trabajo, pero no hay nada más entretenido (para mí, lo sé) que dar vueltas por las estanterías y ver tomos hiperviejos de vez en cuando, con la satisfacción final de encontrar el libro que estabas buscando, aunque el sistema de letras y números esté específicamente diseñado para que jamás lo consigas.

La biblioteca de la universidad, además de una gargantuesca colección de libros imposible de leer en toda una vida (lloro cada noche por ello), tiene una moqueta blanda, zona con sofás para lo que se supone que son trabajos en grupo, innumerables peceras -las de estudiar- y una población en su mayoría sueca que hace del sitio un silencioso templo de calefacción y cultura a partes iguales. Yo nunca he sido de ir a bibliotecas a estudiar, pero en ésta podría quedarme a dormir. Buscar un libro es sólo la excusa, esta biblioteca es un fin en sí mismo.